La muñeca de Hiroshima
quedó atascada en el tiempo
prisionera entre atriles
de paredes en ruinas
perdida en los detritos
dispersos bajo la alcantarilla
como un papel en blanco
sin historia y perdones en fuga
Con la mirada inmóvil perdida
en aljibes de llantos nonatos
sabe de la resignación y el olvido
tras la pena capital escupida
por jueces verdugos con togas de
sangre que no deja de congelarse
en fríos atomizados a orillas del río
Ahora recuerda el temblor
de la bomba en su cuerpo
su imposible animación a dar
se ha vuelto eterno dolor
mientras vuelven a zigzaguear
los perros negros de la guerra.
"...exorcizamos una fealdad mucho más profunda que nos atormenta, nos aterroriza y quisieramos desesperadamente ignorar, fingiendo que todo es mero fingimiento" Umberto Eco
jueves, 12 de marzo de 2026
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