Enfrentando la indiferencia
un mesías blindado arriba
flotando tenue y pequeño
desciende luego de vernos
heridos nosotros sin mesura
esperando la resaca violenta
por todos los dolores bebidos
con la boca ferrosa de palabras
vagando entre pozos de almas
en un otoño de súplicas muertas
El ángel del aire escucha los lamentos
servidos en la mesa de la sinrazón
sin saber si tendrá otra suerte el sacrificio
para lavar tanta herida, cerrar tanta grieta
en las tristes playas del desenfreno humano.
